En la hora de la hora sólo un minuto de silencio en mi descanso
Una plegaria corta y sin lágrimas para el último aliento
Y mis cenizas en un orfebre pequeño como recuerdo sin tiempo.
Un epitafio: la muerte fue su vida.
En el inventario de las cosas que no tengo
Creo que solo te podré dejar sueños
El amor de padre más allá de la oscuridad sin retorno
Las cosas buenas, etéreas, pero eternas.
Nada más porque me fue imposible
Levantarme de mi tumba.
Juré amarte para siempre
Te dejé mi aliento último
Mis preocupaciones
Problemas aún no resueltos
La soledad, aunque, todas las noches
Transite tu habitación dolida
El silencio que no pude vencer
Hasta este día para decirte adiós, compañera mía...
A ti Padre
Tu herencia fue mi mayor riqueza
No pude darte mi mano marchita
En tu agonía
Me pregunto: ¿Qué es el amor?
¿La tragedia inmortal sin palabras?
¿La inconmovible expresión del sentimiento?.
No pude sentir ni palpar
Tu inacabable existencia
Y aún, hoy, quieto y vacío
En este fondo de olvido
Tengo posibilidad alguna de alcanzarte
Nunca supe que aún después
Podía besarte.
A ti madre
Unidad absoluta edificaste
Gratificada con el Dios de Abraham
Y de los mundos
No te pesó cargar mi cruz
Y mis pecados
Aún me observas sin reclamo
¿Cómo pudiste hacer este viaje primero?
Podrás perdonarme pero no perdonarte
Te dejo la tristeza y el dolor inmortal
¡Qué ingrato he sido!
Cierras mis ojos
Y lloras.
En suma
Un testamento vestido de negro
Con una cruz que es mi alma
Y un fondo sin reposo.
Todo recibí
Y sueños dejo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario