La mujer que yo amé
Era poderosa como el viento
Invencible
Dominaba al fuego y las tormentas
Las más graves dificultades.
Con su voz de Diosa
Cada palabra era una oración
Mística y convincente
No había ni existía nada
Más fuerte que ella misma,
Era la luz y la pasión encendida
Inteligente
Única y grandiosa.
La mujer que yo quise
Era de roble añejo
Elevada a las alturas más ignotas
Todo era pequeño
Ante la inmensidad de su ser
Irradiaba paz y grandeza,
Un remanso inimaginable de energía
Que calmaba tempestades
E impetuosos ríos
Realmente estaba bendecida
Por el Dios divino.
Así la conocí
Fuego y corazón
Inmensa y poderosa
Única e irresistible
Querida e idolatrada
Líder indomable
Amorosa.
Hace mucho tiempo
Le dije adiós
A todo lo que amé
Así es la vida
Ingrata y mortal.
Soy culpable por ello.
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